miércoles, 28 de junio de 2017

HISTORIA DE LA LITERATURA (VI)-1535-1914

José Santos Chocano comienza cantando en Iras Santas las grandes cóleras que nuestras pequeñas revoluciones provocan. Continúa la cívica tradición de nuestros épicos. Las epopeyas de vuelo torpe, el poema de Oviedo, La Lima Fundada  de Peralta, fueron tanteos. Iras Santas  es ya armoniosamente una “Lima indignada”. El poeta se enfurece más lejos que su lánguida ciudad. Ofrece castigar a los tiranos, poner ligas por rejas a sus prisiones un tanto fabulosas. ¡Ay, es el menos Silvio Pellico de los hombres! Sus quejas y amenazas son exuberancias encantadoras de un adolescente amado de los dioses.
Ha cambiado el eje de la poesía para los vates. Se callaron aquellos antiguos lastimeros de la tumba y  la cruz. Pero el poeta tiene una misión parecida a la de los románticos. Cuando Chocano nace a la vida literaria, las maldiciones de Mármol continúan en un discípulo exorbitante, el mexicano Díaz Mirón.
¿Quién no leyó en América las estrofas epistolares a Gloria? La convence el poeta de que ha nacido “como el león para el combate”. El combate se redujo a querellas de campanario, cuando no a las vulgares escaramuzas del presupuesto…Actitud inicial que influye en toda la poesía de Chocano.
Su “Iras Santas” exagera como el dolor exageró. Es un romántico extraviado en la épica. Lleva allí su desmedida y epónima personalidad de cantor incierto y no orientado aún. Entonces, nace la leyenda mentirosa del literato que no ha leído.

Resultado de imagen para JOse Santos Chocano
Chocano: icono de la poesía peruana.

FRONDOSIDAD
En realidad, los grandes épicos, por lo menos, lo acompañan. “Homero y yo” nos dice señalando el volumen que lleva el gabán. En Hugo encuentra, con simpática vanidad, metáforas chocanescas, y de este hallamos influencias en cierto vago mesianismo socialista: en el canto, por ejemplo, a esa “miserable” que es la “Madre haraposa”.
…tú que a las puertas/vas con las manos siempre tendidas, /y ves las arcas siempre desiertass/y las conciencias siempre dormidas…
Su ardor triunfante, su robusta literatura de epinicio, hallan asunto digno en la guerra del 80 y escribe su hermosísima  Epopeya del Morro. Después va a Chanchamayo, descubre nuestra zona tórrida, se asombra como un conquistador y empieza a cantarla como un romántico.
En el frenesí de esa naturaleza vista y soñada se transparenta el alma de quien la mira. El que sólo quiere “forjar su verso para las cosas grandes”, va a hallarlas desmesuradas: la selva, virgen como el picacho andino, el río en avenida, la ubérrima frondosidad de cafetales en el país de la cornucopia, en Canaán. 
ACENTO
Por el Derrumbamiento de Chocano pasa el gran calofrío de la selva amazónica. Ya se diferencia de los antiguos épicos en cantar el paisaje local, en no verlo como un decorado del héroe. Más no es contemplativo su sentimiento de la naturaleza.
Exagera las visiones temblorosas de Hugo. Mira vertiginosamente. Casi tiene razón cuando grosera y torpemente dice entonces que Chocano “parece escribir colgado de los pies”. Su acento se eleva y el poeta errante ya por tierras de España y América, comprende que no puede limitarse a la exigüidad de una patria sin Fausto.
Kipling y  d’Anunzio le servirán de tentación y de pesadumbre. Para que el canto sea digno de su bocina necesita un continente “el poeta de América”. Para arriesgarse más en ésta y motivar su amor casi ancestral al nuevo mundo, va jurando que  es “mitad indio”, cuando todos sabemos que es solo española su prosapia. Reconcilia a dos repúblicas menudas.
Pacifica con la lira este Orfeo elegante. Se casa repetidas veces, probando así los diversos amores de América. Es ya “continental”, como le llaman con cariños sonrisa en el Perú. Dos influencias contrarias lo han madurado: la de Whitman y la de Heredia. Alma América estaba dedicada a JosÉ María de Heredia, con una linda alegoría de versos que van al poeta francés: las alas rotas,/ya se van a estrellar contra tu genio/como contra los faros las gaviotas.

Resultado de imagen para jose santos chocano obras literarias
Tapa de uno de los más famosos libros del poeta.

ADMIRABLES
Heredia es su maestro de clasicismo. En Alma América el Derrumbamiento está mondado y las supresiones son felices. Trata de hallar el adjetivo preciso y el exacto molde rítmico, que se afirman en su afición al soneto.
Los escribe ya admirables: anécdota ardiente de Cuauhtémoc o descripción de una magnolia, todos tienen la sobriedad rotunda de los Trofeos. Casi repudia su pasado. En Fiat Lux hace la más severa antología de juventud.
Y orientado  tal vez por Whitman, volviendo el alma por donde solía gratamente perderse, llega Chocano a su tercera manera, la mas reciente. El ponderado clasicismo de la inspiración subsiste casi siempre. El metro se desborda.
Es whitmaliano este aliento inmenso, este deseo decantar cuando nace a la vida de la América libre, sin temor a ser plebeyo, porque en el  pueblo está la fuerza. Más patricia de calidad y de abolengo es, sin duda alguna, la poesía de Chocano.
Desde su juventud le ha dado al verso curvas de madrigal. Aconsejará arrogantemente a los poetas modernistas que arrojen sus baratijas a los hervores nuevos de sus futuras dianas: como los viejos nobles echaban sus sortijas/al bronce destinado para fundir campanas. 
POEMA
¡Desdén sonoro que esconde, el velado afán de escribir elegías! Recordad Aves de Paso, o este desmayo: Sentí un amor que vino/como caricia suave./Mujer, tú fuiste a modo de pájaro marino/caído en la desnuda cubierta de mi nave.
¡Cuán distinto es ese gigante Whitman, a quien tan de continuo quiere evocar Chocano! El amor es para Whitman más que el “dulce roce de manos”, el “poema en acción de los senos y las caderas” y los hijos sembrados patriarcalmente en la excelsa brutalidad del rito furente
Es el bárbaro farmer, el panida emigrado que rompió los siete carrizos porque sus flébiles canas sólo soportan la elegía del río helénico-. “Soy vasto, contengo multitudes”, dice él. En la pradera, donde se enarca la “colosal belleza del potro fogoso”, le adivinamos avezado a sembrar y a arar, y cuando la bruma bovina y una humareda con la cabeza del Tío Sam ascienden juntas, el colono patriarca eleva el canto del  agro emancipado, la geórgica de una democracia libre.
Sólo una vez, en una admirable Oda Salvaje alcanza Chocano este acento desbordado de Whitman, que sacrifica la rima o la entrevera arbitrariamente cuando es necesario su redoble. Y tal diríamos que es el sentido de su nueva poética, si en un libro inédito, Arte Vida, no pareciera ensayar un meditado lirismo, ya distante de la Danza griega, de la  Elegía del órgano de los poemas dislocados por donde no pudo hacer pasar el ágil y misterioso frisón melódico de José Asunción Silva y Edgardo Poe. Son estas de Arte vida sobrias quejas de madurez. Nocturnos: Quiero fe en esta noche de dolor solitario…

Resultado de imagen para enrique diez canedo
Enrique Diez Canedo, finísimo poeta español.

ACENTOS
Persisten allí acentos de silvano galán, La lírica es su “violín de Ingres” y no se le puede negar en ella habilidad. No es opinión común. Sus broncas sonoridades alejaron a muchos poetas y tiene adversarios enconados, los del oficio.
Cuando alabé a Chocano por nuestra más cierta gloria literaria, un finísimo poeta español, mi amigo Enrique  Diez Canedo, escribía: “No es o no. Si algún reproche serio se puede hacer a la Literatura del Perú, es el de haber producido tal vez. Sus versos compendian todas las malas cualidades viejos, todos los oropeles falsos.
Sus imágenes absurdas o pueriles. Todas sus cualidades se habían dado ya con todo esplendor en –Salvador Rueda y en Salvador Diaz Mirón”. Como si hubiera adivinado esta critica anticipándose a diversas censuras, Chocano había dicho a quienes, negaron sentimiento a su líra, que él cantaba: de gigantes modos/ ellos cantan por uno, y tu cantas por todos.
¡Querella antigua de líricos y épicos! Ya el Condestable de las letras ofendió a Víctor Hugo con el título de “Tambor mayor”. Puede concebirse una épica de corte griego y de ellos son ejemplo los laudi de d’Anunzio o algunas odas de Claude más a menudo es algo basta y elocuente en el sentido de resonancia exterior y no de acorde íntimo, la voz dirigida a muchos.
RUDEZA
No se exceptúa siempre el admirable cantor de las Fuerzas tumultuosas. Y en cuanto al  Canto a la Argentina, de Darío, se compone como el mismo me decía alguna vez, de temas líricos incrustados en la oda del italiano magistral, misurata al respirar del mare.
Admitida esta forzada rudeza del épico sería grave injusticia negarle a Chocano la priomacía en español y comparar su “Pegaso que da saltos, como dice la excusa de Rubéwn, con el jumento pancesco en cuyo lomo exhibe Rueda los  cacharros de la más rancia alfarería.
Y para él, además, como en la frase oriental citada por Nietzsche y por d’Anunzio, “hay auroras que no han nacido”. Por las felices transformaciones de Chocano en diez años, podemos inferir una madurez que será admirable.
Después de González Prada sólo podemos hallar acentos líricos en la generación que comienza a escribir en 1900. Le antecede una generación que no quiso afirmarse, si exceptúanos a Chocano, por supuesto.
En la crónica ligera, en el periodismo, sobresalió Octavio Espinoza (Sganarelle), en la poesía, José Fiansón, parco en obras, escribió el mejor poema modernista: Faederis Arca. Historiador sagaz, elegante y agudísimo periodista es Luis Varela y Orbegoso.


Resultado de imagen para mi corbata de manuel beingolea
Una de las obras de Manuel Beingolea.

NOVELISTAS
En el género novelesco triunfaron algunos años Manuel Beingolea, Aurelio Arnao y Enrique A. Carrillo, autor de una lindísima novela Cartas a una turista, donde por primera vez aclimatada la leve y femenina literatura de Francia, se cuenta en estilo de Prévost, con bruscos desfallecimientos de solterona, la fiesta amable de la ciudad, ya casi en nada parecida a otra Lima de mis soñares.
La mejor obra en el género se la debemos a Clemente Palma. En  Excursión literaria, en Dos tesis se orientaba, hacia 1890, a la literatura “fin de siglo”, cuyo rimado Eclesiastés  eran las Flores del Mal  y cuyo experto guía fue el autor de (A rebours)
En los relatos breves y fantásticos como Cuentos malévolos, no le halló a Palma rival americano. Prologa en nuestra América española a la familia nórdica y europea de los grandes arbitrarios- Hoffman, Poe, Hawethorne, Villiers-, de todos los espíritus ardientes y desilusionados que del claro soñar antiguo hicieron triste empleo y transformaron las Mil y una noches en no sé qué paraíso artificial.
El mejor dotado y más negligente de toda esta generación es, sin duda, José María de la Jara y Ureta (Gil Guerra). Crítico literario, poeta festivo, chroniqueur de salada gracia, todo lo ha sido con la misma perfección distante y señorial este gran escritor de silueta agarena, que dispersa en charlas un talento destinado a obras durables. Cuando él quisiera, nadie le disputaría el primer puesto. Más no querrá… 
En la generación de 1900, la nuestra, el iniciador, el más admirado, es un escritor cuyo examen no podría hacer sin parcialidad, Francisco García Calderón.  Siguiendo a éste en la críticas, de el (lo que no es pequeño elogio), José de la Riva Agüero  combina en hermosas páginas la imitación de su  maestro Menéndez y Pelayo con la de los eruditos alemanes.
Recipiente de toda sabiduría, cerebro archivo como el de los hombres de la luna  de Wells, no quiere siempre elevarse en sus obras  “Carácter de la Literatura del Perú independiente” o “La Historia del Perú” a encumbradas síntesis
Le resta dones literarios su animosidad eremítica a leves o apasionadas literaturas. En historia, su lúcida eficacia para desenmascarar la verdad es sorprendente. En Literatura juzga cálidos versos o ardientes prosas desde lejos, sin conmoverse nunca, ajeno siempre a nuestros entusiasmos y nuestras melancolías.
Los poetas de esta generación son Luis Fernán Cisneros, José Gávez y  en el género festivo Leónidas N. Yerovi. Cisneros no ha reunido hasta hoy su obra dispersa y ya copiosa. Ardiente, hiriente, cuando en sus ágiles maledicencias de periodista se burla de la comedia política, olvidada su sonrisa en la casta melancolía del verso.
Poesía es la suya y nunca huraña, pero altiva y reticente, que conserva  la nobleza de Aurora amor. Para las más altas latitudes tiene pulmón y ala. Su Elegía a la muerte de Jorge Chávez es admirable
Desigual, exorbitante o fatigado, José Gálvez repite versos como un desabrido en su noria, para sorprender de pronto con un arranque. En su alma, como en el mar fino pedernal entregado por la mano del mundo, la chispa tarda a veces. Pero hay versos de antología en Bajo la luna y Jardín cerrado.


Enrique A. Carrillo "Cabotin".jpg
Enrique A. Carrillo: poeta destacado.

VERSOS
Son éstos quejas nocturnas de un alma extraviada a ratos en las heroicas rutas de la epopeya. Cariñosa solicitud de muchos, unánime deseo de un vocero común, le obligaron a cantar a la juventud, a España en odas. El había nacido para la silva, de Silvano menor, al borde de un río musical como su caña y sus versos.
Esperemos todavía algunos años.. Ya nos dirá su quimera domesticada, sus chapuzones de pescador de luna, la admirable melancolía de quien estuvo abrumado por un “vasto ideal y cuidados pequeños”.
Leónidas N. Yerovi olvida literalmente las melodías, “aprendidas a Rubén”, para retozar en dislocados versos. Su facilidad para el sainete, para la copla leve, es prodigiosa. He aquí que de nuevo, incesantemente, inextinguiblemente, continúa la vena de Caviedes,  de Fuentes, de Ricardo Palma. A veces eleva el tono para contarnos apenas, sin insistir, “a las volandas”, una melancolía heiniana, la de su vida, la de todas las vidas, porque es fugaz el amor y el alma inquieta. 
SON DOS…
Aclimatados en España, Felipe Sassone y Manuel Bedoya siguen rumbo parecido con cualidades diferentes, casi opuestas. Quieren ser sólo dramaturgos y el tema de sus dramas es español, por lo que interesan menos a quien estudia restringidamente la literatura nacional.
En una cálida rima, en la voracidad amatoria de sus noveles, Sassone se delata como italiano. Lo es en tipo, en morbideza, en su afición a la barcarola. Un romántico sensual se llama él. Malos amores, Vórtice de Amor, lo confirmaron por novelesca de altos dones.
Eran las obras primigenias, cuando ferviente Casanova limeño dejó en Italia su mandolina, renovó en Paris su lectura de Murger y se extravió en Madrid por los trigales del trigo. Linda inquietud errante que estos libros revelan. Con injusticia notoria le reprochaba yo entonces que sus perversiones no fueran perversas. Tenía y acierto de gran prosista. Después ha sentado la cabeza en hermosísimos dramas que Buenos Aires y >Madrid aplauden.
Manuel Bedoya agresivo cronista en su mocedad, acaba de publicar una novela policiaca: las aventuras del detective Mack Bull, muy celebrada por la prensa madrileña. Pero el no estás contento. Sólo sueña mientras escribe versos de confuso y melancólico ritmo, con poner en escena sus acerbos dramas españoles. Bríos y talento no le hacen falta para las grandes travesías. Sólo el viento eminente del éxito.


Resultado de imagen para Leonidas N. Yerovi
Yerovi otro de los grandes creadores.

CUENTOS
Raymundo Morales de la Torre elabora menudos cuentos donde hallan consuelos espirituales lindas limeñas ue tienen du vague á’ lamé. Sus Paisajes íntimos nos revelan sobre todo, la intimidad en las Vírgenes de las rocas,, de D’ Annunzio. En un libro de Versos a Iris, Adán Espinoza y Saldaña (Juan del Carpio), olvidando los habituales modernismos ensaya acentos pastoriles como las églogas de Garcilaso y suspira la rima becqueriana.
Antonio G. Garland representa-un caso más en América- la admirable inquietud del alma nómada. Asciende su linda frase impaciente, vertiginosa, como un cohete de fuego de artificio. Y se deshace en el chisporroteo de una sonrisa o queda balanceándose-luz suspensa de la noche azul. Pronto nos dará, estoy seguro, libros cordiales y anhelantes.
Novelista incipiente pero inspirado es el autor de la Ciudad de los Tísicos, Abraham M. Valdelomar. Alberto J. Ureta un poeta destinado quizás a grandes éxitos, vuelve también a la antigua simplicidad, al ritornelo de una pena que se obstina evocando.
Julio Hernández y Federico G More se anuncian solamente.
En fin, el alma juvenilmente enmarañada de Enrique Bustamante y Ballivián obtiene acentos de felices en sus Elogios, ritmos de alta elegancia espiritual en La evocadora, divagación de prosa lírica. Y dos poetas muertos, José Lora y Jaime Landa, han dejado la imagen de una temprana y refinada melancolía.

Resultado de imagen para enrique bustamante y ballivian biografia

Enrique Bustamante y Ballivián: elegante poeta

LECTURAS
Orientaciones, rumbos próximos, no se pueden colegir por esta literatura de última hora. Los prosistas leyeron en traducciones inconfesables a Maupassant, a Queiroz a d´Annunzio y recuerdan su lectura alguna vez.

Los poetas casi nunca han leído ¡lástima grande! al revolucionario de la lírica, Verlaine, sino en la paráfrasis de Rubén Darío. El modernismo continúa en provincias. No tienen discípulos Palma y González Prada. Chocano es un extranjero. A ejemplo suyo, emigran muchos. Y otra vez, como en los mejores tiempos románticos, todo poeta es un diputado que se ignora. FIN. (Editado, resumido y condensado del libro “Obras Escogidas de Ventura García Calderón”, destacado intelectual peruano que, con sus estudios, rescata los orígenes culturales de este país. Nació por un azar patriótico en Paris, retornó al Perú donde estudió. Posteriormente volvió a Francia en 1905 salvo cortos intervalos por aquí, Rio de Janeiro y Bruselas hasta 1959 en que murió, siempre habitante de la ciudad luz)

No hay comentarios:

Publicar un comentario