jueves, 8 de octubre de 2015

EL PRIMER MILITAR ARGENTINO EN EL PERU

Don José Antonio Barrenechea y Dorrego poseía un espíritu lleno de ardores aventureros: de ahí que San Martín le encargara misiones difíciles. Pertenece a este tipo de hombres valerosos y sencillos que, cuando se trata de realizar una obra callada y peligrosa se presentan espontáneos y abnegados.
Pláceme trazar la silueta de un bravo militar argentino, seguramente casi desconocido en la tierra de su nacimiento, y que por la gallarda inquietud y el espíritu de aventura de los primeros años de su carrera es uno de los tipos más interesantes de nuestra gesta revolucionaria.
Hombre sin resplandores ni sonoridades, sin duda porque terminado el esfuerzo de la independencia, no quiso intervenir en las agitadas controversias intestinas de los primeros años de nuestra vida republicana, fue, sin embargo, un bellísimo ejemplar de aquellos laboradores silenciosos y desinteresados que una vez sacada su tarea se hacen a un lado sin vocear su esfuerzo.
Mucho antes de que las huestes del gran San Martín llegaran hasta la sede virreinal del Perú, arribaron a nuestras playas algunas legiones abnegadas de hombres resueltos, capaces de todos los sacrificios. Fueron las avanzadas oscuras de los cortejos triunfales.




Luchó con San Martín.

PREDECESOR
 Los que batallaron en las horas sombrías sin dianas ni laureles, y aún esperan las consagraciones póstumas. Los que trajeron a la vida el empeño sin brillo, la resolución sin alardes, la abnegación que se esconde hasta en la gloria, y el silencio, el gran silencio e el denuedo.
De  aquellos predecesores fue un argentino: don José Antonio Barrenechea y Dorrego nacido en Buenos Aires el 8 de Julio de 1794, del matrimonio de don Domingo de Barrenechea con la señora doña María de las Nieves Dorrego, hermana de aquel legendario don Manuel Dorrego, padre del federalismo argentino.
El personaje se dedicó a la carrera del comercio y fue compañero de labor de Manuel  Castilla y de Domingo Vallarino que también estuvieron en Lima y con quienes le unió siempre una cordialísima amistad que sólo interrumpió la muerte.
Según uno de sus biógrafos, el Coronel Pedro de Vidaurre, que a nombre de la Sociedad Fundadores de la Independencia pronunció el 22 de Mayo de 1870 la oración necrológica en los funerales de Barrenechea, éste ingresó al Ejército siendo casi un niño, en 1811 y asistió al combate de San Lorenzo. En 1813 forma parte de la oficialidad de la Guardia Nacional de su país.
En 1816 Barrenechea se alista en la célebre expedición de Guillermo Brown. Su vida cobra desde entonces relieves de aventura. Corre la suerte bizarra de los corsarios heroicos, odiados y temidos por la diabólica fama de que los rodeó el  pacato ambiente colonial. 
BALAZO
En el Callao al abordar  la fragata “Consecuencia”, recibe un balazo en el pecho que le postra gravemente y cuya cicatriz, como un testimonio de su coraje, le acompañó siempre. En esa fragata que Brown apresó, venía entre otros el brigadier Juan Manuel de Mendiburu, que había nacido en Lima y que enviado a España había hecho la guerra de la independencia peninsular hasta alcanzar ese alto grado.
Mendiburu como lo dice su sobrino el historiador del mismo apellido, venía a hacerse cargo de la gobernación de Guayaquil, nombrado por el Rey. En el número 20 de la “Gaceta de Lima” de 1816, he leído que en ese barco volvía también al Perú el piurano José Antonio Navarrete, diputado por Piura a las Cortes de Cádiz y Fiscal de la Real Audiencia de Chile.
La situación del virreinato peruano, entonces, era la de un sólido baluarte del gobierno español. Los sembradores encargados de esparcir la semilla revolucionaria tenían que jugarse la vida a cada paso muchas veces sin resonancia y sin gloria.
Encargado siempre con difíciles comisiones, Barrenechea en una incursión peligrosa es apresado en la costa guayaquileña y con una barra de grillos se le arroja en la bodega de un buque que le lleva a Valparaíso.

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Guerra de la Independencia Hispanoamericana.

SUBLEVACION
Va a pagar tal vez con la vida su amor a la libertad, pero su audacia temeraria le salva. Sujeto por los hierros y agobiado por las penalidades, su libérrimo espíritu reacciona y triunfa. Co un grupo de prisioneros intenta y realiza una atrevida sublevación en la que le acompaña denodadamente el más tarde general Aldunate. Suyo es el grito sedicioso y característicamente argentino: “¡Botemos a los gallegos al agua!”
Libre Barrenechea hace la gloriosísima campaña austral. Es actor de los  épicos escenarios de Cancha Rayada y Maipú. Se bate heroicamente a órdenes de Quintana. Tiene ya en su haber una larga serie de heroísmos. Se conoce que está infiltrado por el ardor aventurero, porque San Martín le encarga misiones difíciles.
Pertenece a este tipo de hombres valerosos y sencillos que en las situaciones broncas cuando se trata de realizar una obra callada y peligrosa, se presentan espontáneos y abnegados. Cuando se alista la expedición libertadora, cumple una nueva aventura arriesgadísima que los historiadores han recogido en unas cuantas líneas escuetas y que se presta, sin embargo, al cantar y al romance.
San Martín y O’Higgins necesitan un grupo de valientes que se adelante al ejército que vino al Perú en 1820. La goleta “Terrible” está encargada de la hazaña. En ella viene Barrenechea con Pedro Zorrilla, Francisco Vidal, José María Pagador, Remigio Silva, Manuel Flores y otros. 
PLIEGOS
Mendiburu en su artículo sobre Pezuela cita especialmente a Barrenechea entre los expedicionarios. Cuenta la historia que algunos desembarcaron en Arica. Los demás se propusieron hacerlo al norte del Callao para preparar el ambiente y anunciar a los patriotas del Perú la próxima salida de San Martín.
En sus apuntes inéditos dice el Comandante Stiglich, distinguido jefe de nuestra Marina, que los comisionados traían pliegos de O’Higgins para Boqui y López Aldana. La goleta dejó cerca de Pativilca a los emisarios en una lancha que dio vuelta de campana.
El trágico episodio que costó la vida a Zorrilla está contado en la Gaceta de Lima del 17 de Agosto de 1820 con la nerviosa inquietud causada por la gravedad del momento que en vano pretende disimular un tono fachendoso. Ese papel, que transparenta la dramaticidad del constante con un sello de autenticidad irrefragable, señala a Barrenechea como el autor principal de la comisión. Es tan pintoresco el relato que bien vale copiarlo con su propia ortografía.
Una ocurrencia inesperada acaba de venir esta mañana a confirmar nuestra opinión. La goleta inglesa nombrada “La Terrible” que salió de Valparaíso a mediados de Julio, condujo a su bordo siete espías mandados al Perú por el caudillo San  Martín.
DESEMBARCO
Tres de ellos desembarcaron en las inmediaciones de Arica, cargados de papeles subversivos que aseguran la venida de 12 mil hombres de tropa y otras falsedades semejantes con que intentan alucinar a los pueblos incautos y que muestran bastante la debilidad en que se hallan y la poca confianza que tienen en sus armas.
Pensaron desembarcar los otros cuatro ´más debajo de Pativilca, en una ensenada que llaman de las zorras. Y habiéndose volcado la lancha en que venían nadaron hasta tierra acompañados del piloto y cuatro marineros.  Ahógose uno de los espías llamado Zorrilla.
El Capitán Camilagua nos trajo anoche al piloto y al principal espía llamado Barnechea. Y los cuatro marineros se han presentado aquí voluntariamente. Estos declaran uniformemente: que la expedición debía de salir de Valparaíso. Que venía a las órdenes del caudillo San Martín
Que aunque había 6 mil hombres destinadas para ella atendiendo a los enfermos y a los muchos desertores, apenas podría conseguirse que se embarcasen de cuatro a cuatro mil quinientos. Y que se trata finalmente de hacer el desembarco en uno de los puntos cercanos a la capital.
La relación no puede ser más interesante. Hoy nos hace sonreír un poco el afán de llamar espías a los avanzados emisarios de la expedición libertadora y caudillo a San Martín. En esos tiempos la palabra caudillo tenía una significación tenebrosa. El esfuerzo por desheredar el prestigio de la causa libertadora salta a la vista, pero entre líneas se percibe la agitación que la noticia produjo.


Captura de una fragata española en el Callao.

SEMIAHOGADO
Vidal que llegó a ser general y jefe supremo y que es considerado como el primer soldado peruano de la Independencia salvó con Silva parte de las proclamas y papeles. Barrenechea quedó semiahogado en la playa. Los marineros le hicieron arrojar el agua colocándole una piedra en el vientre.
Lo áspero e inhospitalario del lugar hace pensar en esos antiguos grabados en madera que hicieron nuestra imaginación de niños como robinsonianas escenas de naufragios. En ese momento el militar argentino y sus acompañantes debieron sentir que les llegaba la hora de la muerte.
Nuevamente apresado Barrenechea fue conducido al presidio del Callao. El general español Vivero se portó caballerosamente con el prisionero argentino, porque habiéndolo tenido como tal años antes en Guayaquil no reveló esta circunstancia que hubiera costado la vida por reincidente a Barrenechea. Sus compañeros de prisión fueron, entre otros, su compatriota Estanislao Correa Garay y el después General  Pardo de Zela.
Pretextando una enfermedad, Barrenechea se hace trasladar al Hospital e Bellavista, pintoresco pueblecito que el Conde de Superunda fundó en 1776 a raíz de la ruina de Lima y Callao del año anterior. De allí logra escaparse. Viene a Lima y vive a salto de mata.
MATRONA
La primera que lo asila es una matrona ilustre: Antonia Bernales de Zubiaga, conspiradora tenaz, madre de aquella mujer bravía y superior que fue la esposa del Mariscal Gamarra y a la que nuestro pueblo llamó siempre “La Mariscala”. De aquel albergue pasó al estudio de doctor Manuel Pérez de Tudela que fue el que redactó el acta de la independencia. En ese lugar se relacionó con los patriotas limeños y preparó su reincorporación al ejército unido.
Siendo ya capitán Barrenechea, contrajo matrimonio con una distinguida dama  limeña, Carmen Morales Ugalde y García de la Plata, hija de un  militar del ejército español, Camilo Morales Ugalde y de Mónica García de la Plata y Orbaneja y nieta, por lo tanto, del Oidor y  Regente de la Audiencia de Lima, Manuel García de la Plata, que por una curiosa coincidencia había recibido en 1810 provisión real para regentar la Audiencia de Buenos Aires, cargo que tuvo que renunciar por las ocurrencias revolucionarias de aquella ciudad.
Doce años después, su nieta preferida contraía matrimonio con un rebelde argentino. El dato sobre esta lbse de vinculaciones entre patriotas americanos y señoras de la nobleza limeña no es único y revela hasta qué punto se estrecharon los lazos del  americanismo. Estanislao Correa casó con una de las Boza y Carrillo de Albornoz, dama de las más linajudas del  Virreinato peruano y como ellos muchísimos otros.


San Martin proclama la Independencia del Perú.

COMBATES
Cuando San Martín se retira del Perú,  Barrenechea se queda al servicio de la patria de su esposa y prosigue  la campaña libertadora, tan gallardamente iniciada en su adolescencia. Ha combatido en su propio terruño, en las aguas del Callao, en la costa de Guayaquil, en los campos de Chile
Le ha rozado la muerte y le ha marcado varias veces  el cuerpo con signos gloriosos. El itinerario de su bravura se engalana con dos fechas decisivas: Junín y Ayacucho cuyas campañas hace como comandante del Parque de la Maestranza. Después de esas  batallas, forma parte del ejército sitiador del Callao.
Consumada la obra de la independencia, Barrenechea se consagra a la patria que había contribuido a forjar. El matrimonio parece aquietarle y como ya no había donde combatir cesan sus andanzas.
Se dedica al estudio de la artillería, de cuyo cuerpo se le puede considerar fundador, como lo dijo en sus funerales el Coronel Vidaurre que le llama su maestro. Con el Coronel La Rosa idea una nueva manera de elaborar la pólvora que el  gobierno peruano adopta.
Llega al alto cargo de comandante general de esa arma. Pero no interviene en las revueltas que fueron constante ocupación de los veteranos de la independencia, se ve postergado muchas veces y su vida es el ejemplo triste del olvido que en todas partes sufrieron los más leales combatientes de la libertad.
VALEROSO
Barrenechea toma parte en la guerra contra Colombia en 1829 y se porta valerosamente en la Batalla de Portete de Tarqui. Fiel a los gobiernos constitucionales, sufre la enemistad de Gamarra porque resiste las seducciones del caudillo que quiere imponer a Bermúdez.
El cuerpo de artillería que manda Barrenechea sostiene al presidente elegido por el pueblo y Orbegoso envía al Congreso un mensaje encomiando la conductora del jefe argentino. Salaverry a quien le unían estrechísimos lazos, le dice “sirve conmigo, pero no acepta.
En la contienda que provocó la Confederación Perú Boliviana, Barrenechea como extranjero estuvo al lado de Orbegoso. Con su amigo y compañero Vidal, el mismo que naufragó con él en Pativilca, fue plenipotenciario ante Bulnes y rechazó las ofertas del chileno para que se quedara en su ejército y regresó dispuesto a sacrificarse.En el combate librado en las inmediaciones de Lima en el lugar llamado Guía, le mataron el caballo. Triunfante la restauración fue destituido y desterrado a Guayaquil.
Termina entonces la carrera activa de Barrenechea. No interviene en nuestra accidentada política y confirmando su modestia y desprendimiento se aparta de toda obra escénica. Su hogar sirve de albergue de algunos emigrados argentinos de la época de Rosas.


Primer escudo de la República peruana

COSTUMBRES
Una tradición familiar que el cronista ha recogido, lo pinta siempre argentino hasta la médula, aún en la peculiar y pintoresca manera de hablar que no perdió nunca. Esa tradición cuenta que en cierta ocasión tuvo de huéspedes a unos parientes suyos. Entre sus descendientes se ha conservado, de boca en boca, el recuerdo de un desterrado, Miró y Dorrego, que tuvo gran fama de gentil y de elegante.
Eran en Lima los tiempos entre asustadizos y apacibles de las tertulias y de los cierrapuertas que anunciaban montoneras. Las gentes solían comer a las cuatro y se acostumbraba,  después de las comidas que las mujeres limeñas, con las cabelleras cuajadas, de jazmines, salieran a ventanas y balcones.
En el romanticismo aldeano de esos tiempos los caballeros de fraques oscuros y entrabillados pantalones claros rondaban esas ventanas y esos balcones. En la leyenda familiar ha quedado, como un pulido dije, una de las más frecuentes frases de Miró después de las vinculadores sobremesas “Ahora caballeros vamos a dar un regardé.
El volcánico Sarmiento hubiera encontrado en ese inesperado galicismo un mundo para oponer a Rosas y explicar el destierro de aquel acicalado señor del cuento hogareño que quien estas líneas escribe escuchó hace mucho tiempo a una mujer encantadora y adorada.
SU HIJO
Pasan los años. Barrenechea tiene la satisfacción de haber formado un hogar respetable. Un hijo suyo, que lleva su nombre, alcanza los más altos cargos y distinciones: Rector de San Marcos, Ministro de Relaciones Exteriores, Decano del Colegio de Abogados y diplomático a quien hasta ahora se considera como uno de los más ilustres en la historia de las relaciones internacionales del Perú.
Con el correr de los años, Barrenechea se desvincula de sus parientes argentinos. Toda su vida se hace peruana, valetudinario, sin aspiraciones  y sin derechos políticos suena una hora de angustia para la patria de sus hijos, revive en él la llamarada del heroísmo y del espíritu de sacrificio. Los españoles han vuelo a las aguas de América y amenazan el Callao.
A los 72 años el veterano consigue un caballejo, se escapa como un muchacho travieso burlando la vigilancia familiar y se marcha al lugar del combate. Pide un puesto en las filas y volviendo a sus juveniles días  de artillero, apunta, con rediviva osadía un cañón contra sus antiguos y bravos enemigos.
 UN joven oficial le reconoce, le ve en descubierto y le ofrece su puesto mas abrigado y cómodo. El veterano no acepta. Breves instantes después una granada mata al oficial. Barrenechea recoge la gorra del mancebo como sangriento recuerdo de aquel día glorioso. En los partes oficiales del 2 de Mayo de 1866, el General Buendía y el Coronel Inclán  rindieron justiciero homenaje al valor del  viejo militar.

Pintura que representan la instalacion del Primer Congreso Constituyente.

MUERTE
Fue ese el último episodio de su vida. El Coronel Barrenechea murió el 20 de Agosto de 1870. “El Comercio de Lima publicó un elogioso artículo necrológico  en honor del veterano. En sus funerales de lúcido cortejo, la sociedad “Fundadores de la Independencia y Vencedores del 2  de Mayo lde rindió tributo merecido de reconocimiento.
Todas las referencias de la  época hacen resaltar estas dos cualidades sustantivas en el jefe  argentino: bravura y bondad. Barrenechea fundó en Lima una familia distinguida. De él descienden los Barrenechea  de la Fuente, los Barrenechea  Raygada, los Barrenechea  Benvenuto, los Galvez Barrenechea, los Porras Barrenechea y los Rospigliosi Gómez Sánchez.
Nietos suyos son  Samuel Barrenechea  Raygada, jefe de la sección diplomática del Ministerio de Relaciones Exteriores y Oscar Barrenechea  Raygada, actual primer secretario de nuestra legación en el Brasil. Entre sus bisnietos  destaca uno de los valores más ciertos y acendrados de nuestra literatura joven. el escritor y crítico Raúl Porras Barrenechea.
Y ahora esta crónica  biográfica que rescata del olvido una simpática figura que tiene relieves heroicos y simboliza el anhelo libertador de la América toda, sin reservas localistas, sentido no sólo por los conductores geniales, sino por todos, y que representa, además, la iniciación de la simpatía y de la fraternidad entre argentinos y peruanos.



La Batalla de Junín.

Esta figura la he rastreado aquí y allá, en Mendiburu, en anécdotas familiares, charlas de viejos, papeles dispersos y olvidadas gacetas. Al respecto debo confesar que muchas veces, como una brevísima angustia que se disuelve en una sonrisa, me han asaltado estas preguntas:
¿Hay acaso allá, en algún hogar argentino, el recuerdo de un lejano pariente que en alarde aventurero dejó la patria, se embarcó en los riscos y quebradas y no volvió nunca?  ¿Hay acaso en ese hogar, la leyenda de aquel otro, del desterrado elegante que vuelto a la partida contó a los suyos la bravía historia del pariente aventurero y un desgranar de anécdotas dejó para la historia familiar una leve añoranza del encanto de la ciudad limeña?  (Páginas seleccionadas de las "Obras Completas" que pertenecen como autor al consagrado escritor y político, José Gálvez Barrenechea.)

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