jueves, 28 de agosto de 2014

LAS PRIMERAS INCURSIONES DE LOS COMANDOS

A fines de 1941, la situación de los Aliados atravesaba su fase más desfavorable: en todos los frentes de batalla los ejércitos del Eje mantenían o mejoraban sus posiciones. Pero a partir de las primeras semanas después de la conquista de Europa occidental, en 1940, Gran Bretaña había comenzado a hostigar a los alemanes en el continente mediante incursiones de comandos, cuya acción se basaba en la regla de “ataca y desaparece”.
 A pesar del escepticismo e incluso de la hostilidad de Whitehall, el valor estratégico de los éxitos obtenidos por los comandos en las islas  Lofoten  y  en Vaags  fue, proporcionalmente, muy superior a los daños que en realidad causaron.
En efecto, el alto mando alemán se vio entonces obligado a dedicar a simples actividades de guarnición y a la defensa costera de unidades muy valiosas que, por lo tanto, no pudieron participar en las batallas decisivas del frente oriental.
Después de la caída en Francia, en 1940, los medios de que disponía Gran Bretaña  para responder a los ataques del Eje eran a todas luces insuficientes: el mando de bombarderos de la RAF empezaba a reunir sus efectivos.
Las Home Forces-unidades del ejército territorial británico- no podían pensar aún en pasar a la ofensiva y se limitaban a trabajar día y noche en preparar obras de defensa para el caso de que Hitler decidiera poner en práctica el plan de invasión.


Comandos en plena acción.

CHURCHILL
En estas circunstancias fue cuando Churchill y sus consejeros decidieron adoptar la activa táctica de las incursiones, que condujo a la formación de los comandos. El interés del  Primer Ministro por esta idea se revela en una anotación suya del  18 de Junio de 1940: “…De las unidades existentes se deberían destacar unos 20 mil hombres, por lo menos, a fin de formar con ellos unas fuerzas especiales de asalto, verdaderos “leopardos” preparados para saltar sobre cualquier pequeño contingente de desembarco procedente del mar o del cielo”.
Por una afortunada casualidad, un hábil y experto oficial, el Teniente Coronel  Dudley Clarke, estaba examinando por su cuenta y desde hacía tiempo el mismo problema. Clarke estaba convencido de que   fuerzas  ligeras, móviles y decididas podían efectuar incursiones o actuar tras las líneas del enemigo, con resultados muy superiores a su fuerza numérica. ¿Acaso los guerrilleros españoles de la época de Napoleón no habían obligado a los franceses a emplear decenas de miles de hombres para defender su retaguardia?
Clarke expuso su idea al general  Sir John Dill, quien se mostró completamente de acuerdo y sin dilación alguna la sometió al juicio de Churchill el 5 de Junio. El sentido común moderó en esta ocasión el conocido carácter batallador de Churchill, quien estableció que las fuerzas de incursión no recibirían en dotación armas que fuesen esenciales para las Home Forces.
SIN AFECTARSE
Ello significaba que la calidad de los hombres enrolados tendría que compensar la posible falta de armas  adecuadas, lo que constituía por sí mismo un elemento suficiente para neutralizar muchas dificultades, haciendo que los hombres de los comandos fuesen no sólo voluntarios, sino también individuos seleccionados.
La Home Forces no se vieron demasiado afectadas por esta decisión, ya que se sacaron muy pocos hombres de cada unidad  o destacamento. Por ejemplo a la División 4, que había combatido en Francia y  en Bélgica , tan sólo se le pidió que proporcionara un contingente de tres oficiales y 46 soldados.
Afortunadamente,  había elementos de primer orden en las compañías autónomas que se habían formado retirando hombres de los batallones territoriales para operar en Noruega (donde, en realidad, no se les había empleado en incursiones, sino en combates normales de infantería)
Con hombres pertenecientes a estas compañías  se constituyeron los comandos 1 y 2. En total se formaron-todos ellos en Junio de 1940- doce comandos compuestos por soldados ingleses. Sólo uno, el N° 10, se formó con soldados aliados belgas, holandeses, franceses, noruegos y hasta alemanes y no entró en acción hasta Enero de 1942.

Los soldados de la guerra en el mar.

PROBLEMAS
Ciertamente que, en 1940, había en Inglaterra algunos batallones de infantería de  primer orden. Peo sería erróneo considerar que, seleccionando algunos  de estos batallones para dedicarlo a las incursiones, se habrían obtenido resultados análogos a los conseguidos formando destacamentos especiales de comandos.
 Con guerra relámpago o sin ella, el Ejército británico aún se resentía demasiado de la influencia de los métodos de adiestramiento de la Primera Guerra Mundial, métodos que no tenían en cuenta las características especiales del segundo conflicto.
Por otra parte, a diferencia de lo que ocurría en Egipto y en la India, el número de soldados alistados de largo tiempo en los batallones territoriales era muy bajo en  Gran Bretaña: con frecuencia  no pasaba del 25%, mientras que el resto de los batallones  estaba compuesto por reservistas y jóvenes reclutas. Asimismo, en los batallones territoriales había causado una impresión grave y negativa la decisión de dividirlos en dos para promocionar los cuadros a las nuevas unidades.
Otro aspecto de la cuestión era que la edad media de los oficiales oscilaba alrededor de los 45-48 años, y ésta era una edad avanzada para hombres que tendrían que preparar, dirigir e incluso tomar parte activa en incursiones peligrosas. 
 SORPRESA
Por lo tanto era indispensable contar con hombres, ideas y métodos nuevos, si se deseaba que la táctica de las incursiones diese resultados positivos. Las palabras clave en el campo práctico debían ser “velocidad” y “sorpresa”, y se tenían que abolir los lentos avances en orden de combates por tierra de nadie.
El término “comando” era completamente nuevo en el Ejército inglés, si bien estas unidades ya se habían empleado en otras guerras.  Durante la guerra anglo-bóer (1889-1902), la unidad base de las fuerzas bóers  fue el comando, y  más tarde, tras la caída de Pretoria, cuando  los  bóers  recurrieron a la táctica de la guerrilla, la palabra comando se hizo familiar.
Winston Churchill, quien por cierto fue hecho prisionero en aquellos tiempos por uno de tales comandos, consideró que este nombre se adaptaba muy bien a los “leopardos” que quería crear. Sin embargo, fue Dudley Clarke quien más insistió en la conveniencia de adoptar dicho nombre.
La formación de los comandos se  llevó a cabo con sorprendente rapidez. Primero se seleccionar oficiales superiores de una generación más joven que la que, en 1940, ocupaba los puestos de mando en el Ejército inglés. Después se les dejÓ en completa libertad para elegir a los oficiales que estarían bajo sus órdenes.


Las acciones de mimetismo y sorpresa a la orden del día.

CIRCULAR
El Ministerio de la Guerra había enviado con anterioridad, a todos los puestos de mando del Reino Unido, una circular en la que se solicitaban voluntarios para un servicio especial de carácter arriesgado, sin precisar más. Se exigían soldados perfectamente adiestrados, de constitución robusta, que supieran nadar y no se mareasen.
“Valor, resistencia física, espíritu de iniciativa, ingenio, dinamismo, precisión en el tiro, confianza en sus propias capacidades y agresividad”: estos eran los requisitos necesarios.  Los oficiales escogidos se lanzaron entonces a una vertiginosa labor para seleccionar a sus propios hombres
Muchos grupo se formaron  casi exclusivamente  con territoriales, otros se seleccionaron de la Brigada de Guardias.  Resulta difícil describir la composición de una unidad típica. Por ejemplo, casi todos los componentes del Grupo H  habían estado en Dunkerque. Pocos eran los soldados de reemplazo: la mayor parte eran reservistas que permanecieron siete años bajo las armas y a los que se había vuelto a llamar en 1939.
Allí destacó Eaton un experto en lucha libre que además había sido policía. Albert  Durling participó en muchos combates de boxeo en el Ejército de la India. Predominaban los tiradores escogidos, los boxeadores y los futbolistas.
 Aunque el reglamento era bastan generoso respecto al nombramiento de suboficiales, los oficiales de esta fuerza prefieren esperar, para poder elegir como suboficiales a los hombres que tuvieran una actuación más destacada.
REGIMIENTOS
Muchos eran los regimientos representados en los comandos. Solo en el Grupo H había hombres de los de Bedfordshire  y Hertfordshire, fusileros de Lancashire, East Surrey, Infantería Ligera, Duke of Cornwall, Black Watch y Northamptonshire, artilleros, ingenieros y personal de varios servicios.
En el soldado inglés está muy  arraigado el espíritu del regimiento. Pero afortunadamente, ello no suscitó ningún problema serio. Entre los hombres no existían rivalidades, sino tan sólo un espíritu de emulación.
Con hombres como aquellos, que en su mayor parte habían pasado ya siete u ocho años bajo las armas, el problema de la disciplina prácticamente no existía. Se albergaban en casas particulares en lugar de hacerlo en cuarteles, privilegio que nadie se atrevía a tomar demasiado a la ligera por temor al único castigo que podían imponerles.  En efecto, RTU (Returned to Unit) fue desde un principio una sigla muy temida por todo soldado de los comandos.
Los pequeños castigos y las fastidiosas sanciones estaban pasadas de moda. En los comandos estas dificultados se superaron gracias a una intensa dedicación y con un deseo profundo de perfeccionamiento.
ESPIRITU
 Casi todos aquellos hombres habían entrado en los comandos animados por el mismo espíritu de darse a la lucha. Lejos de los comandos estuvo la burocracia y los papelotes. Si  muy cerca las operaciones cuyo éxito  dependía, principalmente, del individuo y de hombres que se han elegido para llevar juntos el trabajo.
El Primer Ministro había manifestado su deseo de que Clarke organizase lo antes posible una incursión más allá del Canal de la Mancha. Una operación ofensiva demostraría al mundo que el Ejército británico estaba todavía en pie. Pero la empresa no era fácil. Se contaba con los hombres aunque no adiestrados a plenitud, pero no se disponía de lanchas de desembarco.
El mejor medio disponible era una embarcación especial de la RAF, veloz y bien acondicionada, pero que al carecer de coraza protectora estaba muy lejos de ser el medio ideal. Además había pocos objetivos importantes.
 Pocas noticias detalladas respecto a las posiciones alemanas a lo largo de las costas europeas. Y por añadidura, en aquel crítico período, no había en el país más que 40 fusiles ametralladoras.
A pesar de todas estas dificultades, la primera incursión de los comandos se llevó a cabo a las tres semanas de haberse creado este tipo de unidades. En efecto, la noche del 23 al 24 de Junio, 120 hombres se hicieron a la mar a bordo de cuatro embarcaciones de la RAF para desembarcar en la costa  cerca de Bolougne.


La muerte violenta al acecho.
EFICACIA
Los esfuerzos por mantener en secreto la operación fueron tan eficaces que el comando estuvo a punto de ser atacado en pleno Canal de la Mancha, por algunos spitfire de la RAF que los tomaron, equivocadamente, por embarcaciones alemanas en misión de reconocimiento.
Afortunadamente los cazas ingleses se fueron sin atacar. El desembarco sólo odio lugar a una breve escaramuza con el enemigo.  El mismo Dudley Clarke resultó  herido por una bala que se le llevó un trozo de oreja. Así el primero que concibió la idea de crear los comandos fue también su primer herido en la primera acción.
Más tarde Churchill escribió:  “Si los alemanes  han conseguido desembarcar unos centenares de hombres en los islotes de Jersey  y  Guernsey, nosotros tendríamos que elaborar planes para desembarcar secretamente y matar o capturar a los invasores. Los comandos son especialmente adecuados”.  Los reconocimientos revelaron que la guarnición alemana ascendía a 469 hombres  con ametralladoras a lo largo de la costa
La incursión se efectuó y corrió a cargo de unos 100 hombres mandados por el comandante Tod y unos 40 del comando  a las ordenes del Teniente Coronel  Durnford Slater.  Los primeros tenían como objetivo el aeropuerto, los segundos una posición enemiga en Jerbourg  Point que después resultó que no existía. Al no encontrar enemigo a quien atacar,  Durnford Slater  se vio obligado a retirarse con las manos vacías.  Pero por lo menos había desembarcado en el lugar exacto.
VICTORIA
La compañía autónoma fue aún menos desafortunada. Dos de sus lanchas se averiaron, otra chocó contra un escollo y la cuarta equivocó el rumbo. Los alemanes que se encontraban en el aeropuerto de Guernsey no se vieron  molestados en lo más mínimo.
Los comandos se preparaban constantemente para las misiones que les esperaban. Sin embargo tenían problemas operativos. Había prejuicios en contra de ellas. Las unidades tradicionales de la diversas armas sostenían que podían hacer todo, sin ellos.
Estaban equivocados. En el otoño de1940 en el aire la RAF derrotó a la Luftwaffe, consiguiendo la primera victoria de Gran Bretaña en la guerra. Los comandos siguieron sus interminables ejercicios. Se trataba de  entrenamientos increíblemente variados y  nuevos para el ejército regular.
El problema estaba en que los mantuvieron inactivos por bastante tiempo. Algunos recurrieron a su derecho de volver a las unidades que habían dejado. Otros desahogaron su desilusión con actos de indisciplina. El entusiasmo por luchar había desaparecido. Reinaba la impaciencia. Sobre todo, por los aplazamientos para la lucha permanente. 
MODIFICACIONES
Hasta que la organización de los comandos sufrió dos importantes modificaciones. Cada comando estuvo formado por cinco grupos de tres oficiales y 62 soldados cada uno y por un grupo dotado de armas pesadas de uso 40 hombres. Una notable mejora.-
La segunda  reorganización señalo la conclusión de una fase especial en la evolución de los comandos. Pues gracias a la reducción, los comandantes que habían dispuesto de nueve meses para  decidir si las selecciones efectuadas en 1940 eran acertadas, tuvieron una ocasión ideal para quedarse con tan sólo los mejores oficiales. Y en esta fase precisamente cuando la situación de los comandos estaba atravesando el periodo más desfavorable, se organizó por fin una incursión en gran escala.
Los objetivos se encontraban en las islas Lofoten a unas 850 millas al nordeste de Scapa Flow, donde se reunieron las fuerzas destinadas a participar en la incursión. En aquel periodo, los alemanes recibían de las fabricas noruegas grandes cantidades de aceite de bacalao y de arenques, del que extraían después nitroglicerina para fabricar explosivos y vitaminas A y D para los soldados.
La destrucción de las fábricas en las que se obtenía el aceite constituía el objetivo principal de la expedición: el secundario era destruir los buques de transporte alemanes. La fuerza, mandada por el General Haydon, estaba compuesta por dos comandos de 250 hombres cada uno, apoyados por algunos destacamentos y por los noruegos que servirían de guías.


Tanques dominando las calles de las ciudades invadidas.

DESEMBARCO
Las tropas se embarcaron en dos transbordadores holandeses y llegaron a las proximidades de sus objetivos. El desembarco no encontró ni la más ligera resistencia. Se capturó a más de 200 alemanes que estaban trabajando en la construcción de un aeródromo y que no opusieron resistencia.
Pronto se localizaron las fábricas y se colocaron las cargas explosivas mientras los hombres de los comandos mantenían a la población civil alejada de los edificios que se estaban demoliendo. Todos los trabajos de demolición se llevaron a cabo con completo éxito y se calculó que se incendiaron más de 36 mil hectolitros de aceite y gasolina. Las fábricas destruidas fueron 18.
También se capturaron once buques con un tonelaje superior a las 20 mil toneladas y se envió una lancha pesquera  a Inglaterra. Los voluntarios noruegos reunidos ascendían a 314. La prensa británica no dejó de dar la máxima publicidad a este éxito. Por primera vez, los alemanes se habían visto completamente sorprendidos por los ingleses
Pero los objetivos potenciales continuaban siendo difíciles de descubrir. Una pequeña incursión a la costa francesa efectuada por los comandos consiguió un éxito parcial. Ya no se llevó a cabo otra incursión en gran escala hasta Agosto de 1941.
ACUERDO
Gran Bretaña, la URSS y Noruega firmaron, en Julio de 1941, un acuerdo en virtud del cual los tres países se comprometían a tomar las medidas inmediatas para impedir que el carbón cayese en manos alemanas. Y como no se consideraba prudente mantener una guarnición en dichas islas, se impuso inutilizar las minas.
Los ricos yacimientos de carbón habían sido explotados desde 1931 por una empresa rusa que empleaba 2 mil trabajadores.  La fuerza seleccionada para esta operación estaba constituida por los destacamentos de infantería ligera al mando del General A. G. Potts  y por algunos destacamentos de ingenieros compuestos por ingleses y noruegos
El desembarco se efectuó el 25 de Agosto de 1941 y, una vez más, la incursión inglesa no encontró resistencia alguna.  Se evacuaron a los rusos a su patria y a los noruegos al Reino Unido. La demolición fue una realidad que arrasó con la maquinaria y el sistema de cintas transportadoras. Adicionalmente se incendiaron unas 540 mil toneladas de carbón y 12 mil 500 hectolitros de nafta, gasolina y grasa.
Mientras los ingleses se encontraban en la isla, las dos emisoras de radio continuaron emitiendo, como siempre, boletines meteorológicos. Así los alemanes no sospecharon nada. Como los ingleses habían señalado la presencia de bancos de niebla (completamente imaginarios), los aviones germanos ni siquiera efectuaron vuelos de reconocimiento sobre las islas. Estas estrategias tuvieron un éxito completo.



Listos para el ataque.

INCURSION
El 27 de Diciembre de 1941, una unidad ingles efectuó una incursión contra el pequeño puerto de Söndaags, que se encuentra en el  Ulvesund y que se extiende a lo largo de un extenso tramo de la costa noruega. Por el Indreled se desarrollaba gran parte del tráfico alemán.
La finalidad estratégica de la incursión era hostigar a los alemanes para que emplearan más fuerzas en la vigilancia de las costas noruegas.  Y la finalidad táctica era destruir la guarnición, las fabricas de aceite de pescado y los buques mercantes alemanes.
Los buques llegaron a la posición con menos de un minuto de retraso respecto al horario previsto. La sorpresa era completa. Las lanchas se dirigieron a sus objetivos. El Kenya lanzó algunos cohetes que se encendieron encima de la isla haciendo visible el objetivo,. Medio minuto después comenzó el bombardeo. Pequeños barracones militares saltaron por los aires.. La isla desapareció poco a poco, en medio de una nube de humo enorme.
Un par de ametralladoras lanzaban su  ráfaga contra los comandos. Pero los soldados ingleses respondieron con precisión y fuerza, venciendo al fuego alemán- Una vez alcanzada la costa, los comandos avanzaron hacia el interior. 
COMBATE
A continuación se desarrolló el combate más encarnizado del día. Lo que dio lugar a que de casa en casa, de puerta en puerta, de pared en pared, los comandos continuaban avanzando hacia adelante. El ataque proseguía.
En la isla de Maal se alcanzaron todos los objetivos. La posiciones artilleras cayeron en manos inglesas antes de que apareciese el primer alemán.  La fábrica de Mortenes se demolió por completo sin ningún problema. Proseguían los éxitos de los comandos. _El combate en las calles era total.
Los comandos se apoderaron de casi todas las fabricas de aceite de pescado y quedaban con vida muy pocos soldados de la guarnición alemana. Las pérdidas sufridas por los ingleses ascendieron  a 20 muertos y 57 heridos.
Las perdidas alemanas no se conocieron con precisión. Pero se capturaron 90 prisioneros y se destruyeron cuatro cañones de campaña, un cañón antiaéreo y un carro de combate. En esta operación la Royal Navy hundió  buques por un total de 16 mil toneladas de desplazamiento.
Así acabo la primera de las tres grandes  incursiones lanzadas en el periodo en que Lord Mountbatten tuvo el mando de las operaciones combinadas. El resultado de la incursión de Vaags puede valorarse en toda su importancia si se tienen en cuenta las repercusiones que tuvo sobre el principal adversario de Gran Bretaña. El Fuhrer exigió que se le pusiera al corriente, lo antes posible, de los detalles de la incursión.


A la espera de las ordenes yu listos para vencer.

HITLER
“Si los ingleses son lo suficientemente inteligentes-dijo Hitler- atacarán Noruega septentrional en más puntos. Mediante un ataque masivo de unidades de guerra y de tropas intentarán suplantarnos en aquel sector, ocupar Narvik y ejercer así cierta presión sobre Suecia y Finlandia. Todo ello podría tener una importancia decisiva en el desarrollo de la guerra”
Pronto se pusieron en camino 12 mil hombres para completar las filas de las divisiones de Falkenhorst en Noruega. Y a éstos les siguieron otros 18 mil, destinados a formar batallones de fortaleza.
 Asimismo se constituyó una nueva división acorazada para apoyar a los defensores. Con el tiempo, y seguramente para rechazar otra posible incursión, las fuerzas destacadas en Noruega siguieron incrementándose, hasta el punto de que en 1944 los efectivos alemanes llegaron  a un total de 372 mil hombres. 
Si bien posteriormente se llevaron a cabo otras muchas e importantes acciones, como la de Bruneval, es preciso reconocer que entre los factores que contribuyeron a determinar este resultado tan favorable para los Aliados, uno de los más decisivos había sido la significativa empresa llevada a cabo por los ingleses con todo éxito. (Editado, resumido  y condensado de la Revista “Así fue la Segunda Guerra Mundial”)

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