martes, 26 de noviembre de 2013

CLARO...CLARISIMO

Hay quienes aseguran con precisión que en la casa del delincuente  Oscar López Meneses, resguardada indebidamente por la policía durante largo tiempo, había una moderna  y efectiva central  telefónica que espiaba a políticos y periodistas. La pregunta cae por madura: ¿A órdenes de quién?
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Muchos dicen que a favor del propio gobierno de Humala. Lo afirman, cierto es, como tan sólo  un comentario y nada más que eso. Sin pruebas al canto para creerlo efectivamente. Pero si con muchas especulaciones que podrían llevar a encontrar la verdad que, dicho sea de paso, nadie la sabe.
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Ahora bien, si se convierte  la premisa en cierta y real sí que sería, definitivamente, el colmo de los colmos. Tal eventualidad  convertiría al caso en suigeneris y evidentemente detestable, donde nadie cree en nadie. Nada más y nada menos que el  montesinismo al lado del humalismo. Aquí nadie se salva y todo gira en medio de la corruptela generalizada.
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Los que sostienen la probable unión recuerdan que algo ocurrió en el levantamiento de Locumba  entre los protagonistas  Antauro y Ollanta Humala con el mismísimo Vladimiro Montesinos.  De acuerdo a esta hipótesis, hace muchos años se habrían registrado los vasos comunicantes entre ellos. Este es otro asunto que nunca se aclaró. Ya es tiempo que se haga. La ciudadanía lo exige.
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Uno de los dos supuestos que habrían unido al Presidente con Montesinos es el siguiente: el “Doc” llamó telefónicamente al cuartel de Locumba, el mismo día de la insurrección. Que coincidencia y mucha casualidad.
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El otro está encuadrado dentro del contexto que se habrían registrado visitas al siniestro delincuente que fue asesor y socio de Fujimori, de parte del Asesor Presidencial, Luis Roy Gates, en la Base Naval del Callao.
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En qué y para qué se habrían puesto de acuerdo ambos personajes, nadie lo sabe. Creer que Montesinos. salió  de la cárcel a la casa de su operador, sí que nos parece una fábula. Sin embargo,  tal posibilidad se comenta como un hecho cierto y consumado.
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La situación presentada con López Meneses, en medio de un escándalo sin precedentes, es propia precisamente de sistemas de inteligencia y contrainteligencia tan común en los sectores militares y castrenses.
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De donde, cabalmente, salió Ollanta Humala acostumbrado por la profesión uniformada que escogió, desde muy joven, a estos avatares donde todo vale y el cinismo desenfrenado es una virtud. Tal es la escala de valores controvertida imperante por esos lares.
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Como consecuencia de la crisis donde se ha visto que las costumbres ilegítimas de los años  1990 al 2000 siguen vigentes, ocurrió la salida del asesor presidencial, el Coronel Adrián Villafuerte, cuya personalidad enigmática y misteriosa dio lugar a tantas dudas y comentarios adversos para el propio Gobierno que lo impuso, a como de lugar, desde que se instauró  el 2011.
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Hombres como este tipo no merecen estar en el poder. Ya lo demostró Vladimiro Montesinos Torres que se convirtió, a lo largo de una década, en un maligno cleptómano capaz de cometer infinidad de delitos y perjudicar por completo al país.
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Villafuerte no es Montesinos. Pero si tienen parecidos y semejanzas. Nadie lo puede negar. Ambos son de la misma profesión militar que, dicho sea de paso, nos merece el mayor de los respetos  por lo que hace y representa evidentemente en la defensa de la patria. Eso no está en discusión y aquí no hay ningún atisbo de antimilitarismo.
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El problema está en la constante maligna de estos individuos  que si rechazamos y está comprobada que es ruin y dañina por sus cuatro costados. Tal posición deliberada de permanecer en el poder ocultamente, dando muy poco la cara, es definitivamente criticable por completo. Sobre todo por las consecuencias que de por sí acarrean.
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No sólo eso sino que con muchos tentáculos en lugares habidos y por haber. Lo mejor para el Perú es que Villafuerte se vaya lejos, muy lejos de este gobierno y eso hay que comprobarlo. No vaya a ser que le den otro puestito por allí. 
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 Dicen que Ollanta es capaz de ello y de mucho más. Como  ejemplo le sacan en cara que ya es su anterior Premier, Juan Jiménez Mayor,  el Embajador del Perú ante la OEA. Que se sepa  el que fue asesor de seguridad de este gobierno no ha estado mezclado en asuntos específicos de robo de dinero. Allí marca la diferencia con su émulo.
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Sin embargo, lo vulnerable del personaje controvertido es haber sido edecán de uno los más pícaros ministros que tuvo el fujimorato como fue el General César Saucedo Sánchez. Lo que prueba a las claras que estuvo, pues, en las mismísimas entrañas del entorno de Montesinos.
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 Como asesor de Humala “El Acido”, apelativo de Villafuerte, dispuso a su regalado gusto de retiros o ascensos de los oficiales de las Fuerzas Armadas. Influyó en la designación de altos funcionarios. Tomó decisiones a espaldas de los ministros. Y desarrolló constantemente actividades desconocidas, sin ser fiscalizado por nadie. Claro que si tiene semejanzas con el  Doc. Para muestra, tan sólo  estos botones.
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Nadie duda de que en los hechos tuviera responsabilidad política el último Ministro del Interior, Wilfredo Pedraza Sierra. El desarrollo de los acontecimientos tan siniestros dio lugar a su salida del gabinete ministerial. Humala, efectivamente, ya no podía mantenerlo en el poder. El titular de dicha cartera estaba quemado por completo.
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A Pedraza le han lanzado ataques a diestra y siniestra. Qué no le han dicho. Desde incapaz hasta corrupto. Ni lo uno  ni lo otro es cierto y producto exclusivo de la efervescencia  del momento  vivido y la confrontación de ideas persistente. Pongamos las cosas en su lugar, si efectivamente queremos ser justos.
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Para ello partamos del hecho comprobado, a lo largo de los últimos años, que la cartera del Interior es una de las más complicadas del aparato del Estado. Casi una especie de isla blindada, donde la corrupción policial campea por todos los lados. 
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Hasta se podría decir que ningún ministro salió triunfante en la gestión. Allí cayeron duchos políticos del Apra como Luis Alva Castro y Mercedes Cabanillas. Caso peculiar para muchos sería Fernando Rospigliosi que durante el toledismo desempeñó el cargo en dos oportunidades, aunque con el “arequipazo” de por medio que lo sepultó en una oportunidad.
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Pedraza, entonces, no ha sido la excepción. Sin embargo, vale la pena subrayar, ahora cuando ya no está en el poder y nada se le puede  pedir a manera de favor, de que se trata de un eminente abogado con profundos conocimientos de Derecho Penal y Penitenciario. No podemos pensar, ni pruebas hay al respecto, de que este metido en los juegos corruptos y en cosas que inflijan la ley.  Sus antecedentes son otros y muy sólidos.
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Egresado de las aulas de la Universidad Católica, no es la primera vez que el hombre de leyes ha servido al Estado y al propio país de forma intachable. Como lo hizo en la Defensoría del Pueblo en tiempos de Jorge Santistevan y el Instituto Nacional Penitenciario (INPE), cuya jefatura la desempeñó con acierto en dos  oportunidades. Del árbol caído siempre se hace leña. Nosotros queremos ser la excepción con Pedraza, hombre honesto y cabal.
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Los entendidos señalan que durante su gestión se avanzó en el ordenamiento del sector, establecimiento de planes, reestructuración salarial  y equipamiento policial. Lo cierto es que se registraron intenciones democráticas.
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 Sin embargo, Pedraza se entrampó por completo en lo que se refiere a la seguridad ciudadana y no pudo avanzar por la existencia de ciertos poderes denominados corruptos. Lamentable porque buenas intenciones habían y a raudales.
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Los intereses ilegítimos  le pusieron  al indeseable López Meneses, en una actuación a la que él asistió. De lo que evidentemente estaba al margen. Lo aniquiló, precisamente, no saber de los hechos indebidos como este tramado por el mismísimo montesinismo en sus entrañas más oscuras, del  cual Pedraza nada tuvo que ver. Muchas  veces justos caen por pecadores. 
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Lo que sí es un acierto del Gobierno es el nombramiento de un jurista y hombre cabal como es Walter Albán  en el cargo de  Ministro del Interior, si lo juzgamos por su hoja de vida impecable y sus aciertos cuando desempeño diferentes cargos en el aparato el Estado.
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 Por ejemplo como segundo de Santistevan y al renunciar éste encargado de la Defensoría del Pueblo. Su último puesto hasta que fue llamado por Humala, Embajador del Perú ante la Organización de Estados Americanos (OEA).
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La duda está  si Albán, cuya capacidad comprobada nadie puede poner en tela de juicio,  tenga condiciones de triunfar  en la cartera tan difícil que le han encomendado. Eso sí, los deseos de éxito se lo  merece. Que así sea. El Perú se lo agradecerá.
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Un asiduo lector de esta columna nos hace recordar el pasado familiar del actual Ministro de Justicia, Daniel Figallo. El abogado es hijo de otro letrado de triste recordación en las épocas lejanas y oprobiosas de la dictadura infame de Velasco,  allá por los años de 1968 y 1975. Cuando reinaba, a capa y espada, el militarote autoritario del oprobioso septenato.
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Se trata de Guillermo Figallo Adrianzén, artífice y forjador de la nefasta reforma agraria que hizo tanto daño al país. Tal equivocada medida casi acaba, sin exageración, con la explotación de la agricultura y la tierra, donde se cometió una de las mayores injusticias registradas a lo largo de la historia nacional.
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So pretexto  de buscar justicia y acabar con los privilegios de los dueños de haciendas y fundos a quienes la tierra les daba toda clase de poderes  desde los económicos hasta otros de diversa índole, lo que se hizo es expoliar de forma infame, demagógica  e irresponsable, jugando indebidamente con las diferencias de este tipo existentes en el país.
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Lo evidente y real es que a los propietarios se les quitó lo que legítimamente les pertenecía y, a muchísimos de ellos, los dejaron prácticamente en la calle con las evidentes consecuencias que ello acarrea. Desde el sufrimiento constante, el cambio de estatus económico y social y hasta la pérdida de vidas por la situación que se les presentó a los damnificados, de un momento a otro.
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 Al caer los fundos en manos del estado a través de diferentes organizaciones como cooperativas y otras entidades improvisadas desde el punto de vista técnico, el negocio de la tierra y los cultivos cayeron por los suelos. En el campo reinó el desastre total por infinidad de tiempo. Epocas, realmente, nefastas y  vergonzosas.
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Cierto es que si había una injusta distribución de la propiedad del agro en si, desde las épocas de la Colonia  que merecía ser revisada y transformada. Los abusos y barbaridades de determinados latifundistas  a lo largo y ancho del país, eran una realidad.
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En efecto, el campesinado había sido expoliado y explotado y eso si que era necesario terminarlo. Pero con  la famosa medida, su situación empeoró totalmente. Muchísimo más que en las épocas del patrón. La famosa reforma nada arregló. Si que causó desolación. El resultado fue deplorable, triste y contradictorio. Infinitamente peor que en las épocas donde reinaba la propiedad privada.
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 Lo que ocurrió sencillamente es que el remedio fue peor que la enfermedad y el velascato arrasó con todo para acabar con el mayor de los fracasos en las actividades de este tipo. La crisis dejada en el agro hasta ahora la sentimos y eso si hay que tenerlo presente para que nuestros gobernantes nunca más cometan errores de este tipo.
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El cibernauta que nos sigue periódicamente tiene un particular punto de vista que, desafortunadamente, nosotros no compartimos. Le atribuye al Ministro Figallo venalidad en el trato que se da al ex Presidente Fujimori,  preso con condena de 25 años en la  cárcel privilegiada de la Diroes.
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Aquí si somos implacables y muy claros. El ex dictador que hasta su nacionalidad verdadera la ha negado,  y por eso no se sabe si es peruano o japonés de nacimiento, ha sido castigado  por asesino y violador de derechos humanos, tras un juicio impecable, donde se respeto por entero el debido proceso. Con Fujimori no se ha cometido ninguna injusticia. El está privado de la libertad por lo que delinquió y hasta ahora tiene cuentas pendientes con la justicia. 
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El lector nos cuenta, por otro lado, que en la ciudad de Trujillo que acaba de visitar se está forjando la conformación de un partido político que impulsará la candidatura presidencial para el 2016 del Coronel  (PNP) Elidio Espinoza Quispe, de quien se asegura ser el  forjador de la disminución de la delincuencia en ese departamento.
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Como ciudadano tiene derecho. Nadie se lo puedo quitar. No obstante de que Espinoza en sus métodos calificados de violentos y aplicaciones muy singulares donde no imperaba la ecuanimidad ni menos la proporcionalidad en contra de los que perseguía,  el custodio del orden parece ser que no era muy santo que digamos.
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 Sin embargo, hay muchos que lo admiran. Como es el caso de nuestro seguidor, a quien estimamos por completo. Respetamos incluso sus ideas y, por eso mismo, las exponemos en esta columna.
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El actual líder de las izquierdas, Salomón Lerner Ghitis, es una persona cargada de novedades y contradicciones. Empresario, hombre de fortuna  y  creyente de sistemas obsoletos como el chavismo venezolano autoritario y estatista.  Lo pregona y lo sostiene en cuanto fórum y actuación pública que asiste.
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Obviamente que sus problemas de negocios nunca los aborda y los esconde.  Ni menos está a la par ni acorde con lo pregonado en su supuesta posición progresista y de cambio radical de las estructuras. Allí sí que es conservador a ultranza y, lo peor, poco serio
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Así es como lo consideran y lo juzgan por su actuación en uno de los negocios más fuertes que tiene relacionado con helicópteros donde es temido y criticado por sus actitudes de abuso y  de picardía, buscando sacarle la vuelta como sea  a sus competidores. Incluso se asegura que puede arrasar con lo bueno y con lo malo que encuentre al frente.
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Que tal señor este que pregona igualdades y justicia social. Cuando en sus otras actividades es completamente distinto. Consecuencia, consecuencia es lo que falta en este país. A propósito, Lerner tiene influencia política desde las épocas de Velasco, régimen durante el cual ocupó altos cargos.
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No le faltó poder  con García en su primer gobierno. Actuó medrando  de igual en forma en el fujimorato.  Lo hizo con Toledo, otra vez con Alan del 2006 al 2011 y fue el primer premier de Humala. Casi siempre con la teta del Estado que  no le gusta soltarla. Una especie de doctor Jekill y Mr. Hyde. Que tal convenido. (Noé)

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